Osvaldo Golijov
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El platense que cautiva al mundo de la música
 

El platense que cautiva al mundo de la música
from El Dia


Homenajeado por el Lincoln Center a principios de este año y distinguido por una de las máximas entidades de la industria musical mundial como "compositor del año", Osvaldo Golijov se ha transformado en un fenómeno internacional. En esta nota habla sobre su éxito y repasa sus años formativos en La Plata. El testimonio de sus compañeros, familiares y amigos.

Osvaldo Golijov es un músico platense de 45 años que acaba de ser distinguido como "Compositor del año" por la Musical American International Directory of Performing Arts, considerada desde hace años una de las máximas autoridades mundiales en la industria musical. Además, a principios de este año, el Lincoln Center de Nueva York organizó un homenaje excepcional, que sólo se le ha dedicado a tres artistas vivos, que se llamó "La pasión de Osvaldo Golijov", parafraseando su obra más destacada hasta aquí: la ópera "La pasión según San Marcos".

Sin embargo, mientras el virtuoso cellista Yo-Yo Ma aguarda sus nuevas partituras para estrenarlas en los principales escenarios del mundo y Francis Ford Coppola lo convoca para que haga la música de su nuevo filme, en nuestro país sólo se lo conoce a través de las noticias que llegan sobre sus logros en el exterior y nunca ha subido a escena aún una obra suya.

En el momento de mayor reconocimiento en Estados Unidos y Europa, Golijov vuelve su mirada atrás y asegura: "Nací y viví 22 años en La Plata. Yo no pasé por Buenos Aires por lo que Argentina, para mí, es esa ciudad a la que vuelvo cada vez que puedo. Tal vez se trate de una idealización de una infancia que para mí fue muy feliz ahí".

Sus primeros años de vida vivió a la vuelta del viejo Canal 2 y aún recuerda cuando su mamá lo llevaba a ver al inolvidable Capitán Piluso. "Después nos mudamos al frente del Nacional, cuanto yo tenía 6 años. Por entonces iba a la Anexa y todavía conservo amigos de aquellos años. Fue una infancia muy mágica. La caminata hacia la Anexa por la orilla del Bosque. Después, ya más grande, ir al Nacional en donde tuve a maestros increíbles como 'Chicho' Negri, Guillermo Ranea, Lido Iacopeti -a quien adoro-, gente que me marcó mucho. Aquél ya no era el colegio glorioso que supo ser, pero todavía quedaba este tipo de gente totalmente excepcional que a mí me influyó mucho".

La memoria de Osvaldo Golijov está habitada por personas de la ciudad que lo impresionaron e inspiraron en su infancia y juventud. Incluso por familiares que conserva en la ciudad, como Benito Golijov y José Pecarovsky y personas que se destacaron en campos ajenos al musical, como el Dr. Rodolfo Cosentino. "Recuerdo que mi padre lo admiraba mucho. Cosentino, además de escribir dos libros de anatomía espectaculares, hacía esculturas y se interesaba por el conocimiento más allá de su ciencia. En la ciudad que recuerdo había un espíritu de estudio, una apreciación por las cosas que trascienden el aquí y el ahora...Esas son cosas que me llegaron mucho desde chico".

"A veces, cuando ahora veo a mi ciudad, me parte el alma, pero espero que algún día se vuelva a generar un espíritu con esa perspectiva: que la vida no es solamente 'zafar' sino que también se puede ver más allá y pensar en que uno puede dejar algo a tus hijos o a las generaciones que vienen", reflexiona Golijov.

"Un arquero malo, una inteligencia brillante"
"Eramos una barra de amigos comunes que se juntaban en La Plata en el colegio, en el barrio, en el club. Creo que no estaba en la cabeza de ninguno un éxito de la magnitud del que vive Osvaldo. Nadie pensó que iba a llegar adonde llegó y si verlo ahora nos pone orgullosos más nos complace notar que con los amigos sigue siendo el mismo de siempre. Jamás tarda en contestar un e-mail", dice Enrique Portnoy, compañero de Osvaldo en la escuela Bialik y en la Asociación Hebrea Macabí y amigo de la infancia y la juventud. Tanto a Portnoy como a Ricardo Meschiani, otro de los integrantes de la barra, les tocó emocionarse en la platea del Lincoln Center, cuando al final de la retrospectiva de homenaje a su obra, Golijov subió al escenario para recibir el aplauso cerrado del público. "Es una cosa rara, la que se siente. Lo cierto es que terminamos llorando todos en la platea", se ríe Ricardo Meschiani, mientras Portnoy se sincera: "nosotros lo seguimos siempre que podemos en los acontecimientos más importantes, pero la verdad es que no podemos disfrutar de lo que hace porque no entendemos nada. Siempre le pedimos que componga un tema como los de 'Titanes en el Ring' para nosotros".

En el Lincoln Center estuvo la barra platense completa, aporta Portnoy: él, Meschiani, Fabián Schapiro, José Lachevsvy y Juan Luis Bruses. Comunicados constantemente con Golijov por teléfono y por e-mail, no se sorprendieron cuando el artista los recibió en su camarín al final de la función presentándolos a los demás presentes como a "mis amigos de La Plata".

"La humildad es un rasgo de Osvaldo que permanece invariable a pesar del éxito", apunta Meschiani que ese día se dió un gusto singular: sacarse una foto con David Bowie, uno de los famosos que se habían acercado a los camarines para felicitar al músico platense.

"Ese día estuvo Bowie, el día anterior Bjork, todos para felicitarlo y eso te da la pauta del éxito que tiene Osvaldo en Estados Unidos", dice Meschiani.

Cuando se les pregunta si se imaginaban ese destino exitoso para su compañero de juegos de la infancia y la adolescencia, los amigos coinciden en una negativa rotunda.

"Estábamos en La Plata, ibamos a la escuela, jugábamos a la pelota y al básquet. Osvaldo era siempre arquero y era malo. Nadie lo quería elegir. También era muy inteligente y sabíamos que le gustaba la música. Pero ninguno se imaginó que podía convertirse en alguien tan exitoso", dice Portnoy que aporta una foto del equipo de fútbol de la infancia.

Meschiani se acuerda, también, de la atmósfera que se respiraba en la siempre concurrida casa de la familia Golijov, en la calle 1. "La música estaba muy presente por la madre de Osvaldo, que era profesora de piano y por el propio Osvaldo, que tenía su pianito eléctrico en la habitación de arriba. Siempre fue un intelectual brillante, pero también modesto, con el aspecto de un vago inteligente".

Otros maestros
Sin dudas, entre los personajes y maestros de su infancia, su madre, Ethel Pecarovsky de Golijov, tuvo un rol fundamental. Ella era profesora de piano y fue docente de Bellas Artes.

"Sí, mi mamá fue un personaje fuerte para mí pero también para mucha gente de mi generación y también mayor. Ahora que mi carrera o la de mi hermana Alicia tienen alguna trascendencia, de repente recibimos email de ex alumnos de mi mamá que nos cuentan la importancia que ella tuvo en ellos en lo referente a la música. Bueno, como para mí la tuvieron estos personajes que te mencioné. De repente hay gente que te cambia la vida o te abre una puerta que vos no esperabas... Viste que la música es como una amistad, te abre una puerta a un mundo que te puede acompañar toda la vida". Dice Osvaldo.

Sin embargo, el aprendizaje musical esencial no fue con su madre. "Empecé con mi mamá, pero yo era medio difícil... la peleaba, le discutía. Entonces me mandó a estudiar con una gran profesora, que sigue muy activa, que se llama Elsa Carranza. Después estudié con Enrique Gerardi, quien enseñaba en el conservatorio pero yo iba a su casa en City Bell. Un tipo divino, muy filosófico también... la verdad que un gran tipo y muy buen maestro", cuenta.

Durante la charla, Osvaldo rescata una y otra vez la calidad humana, así como artística, de sus profesores.

"Viste, vos estás ahí. Sos chico y, además, en una ciudad pequeña, alejada de la gran movida artística del mundo. Pero de repente vas a la casa de un tipo como Gerardi, y están todas esas partituras, y está todo eso que existe en otros lados del mundo pero que sólo él lo tiene en la ciudad... porque fuera de esa casa no había nada, seguían los caminos de tierra", recuerda, gráficamente, Golijov, a quien le sigue sorprendiendo la existencia de personas como éstas en la ciudad.

Siempre me sigue sorprendiendo que haya gente así que sin ningún tipo de estructura estatal o institucional, está totalmente al tanto de todo lo que pasa en el mundo, que tiene una enciclopedia en la cabeza... Hoy el mundo ha cambiado, por Internet y todo eso, pero en aquellos tiempos estar con tipos como Gerardi, Iacopeti o Ranea, era como estar con una Biblia.

Una obra multicultural
Su viaje y estudios en Israel, a principios de los '80 y su posterior radicación en Estados Unidos -donde completó su formación- fueron elementos también fundamentales en su obra.

"Las cosas que hacés son producto de tus amores, tus conocimientos y, también, de tu ignorancia. Yo me doy cuenta, de repente, de fenómenos culturales que la gente acá en el Norte no advierte, pero por otro lado tengo agujeros muy grandes en mi formación porque aquí la formación tiene una solidez mayor. Sin embargo, lo interesante de la música es que las cosas más impactantes no son las que la teoría predice. Por ejemplo, si no hubiera habido esclavitud no habría jazz. Pasó porque pasó. Lamentablemente la esclavitud fue lo peor de la humanidad, pero así surgió el jazz. Igual que el típico ritmo que Piazzolla impuso en el tango. Ese ritmo no existía. El lo aprendió de chico, cuando vivió en el barrio judío de Nueva York. Ese ritmo típico es el de las danzas judías denominadas "Klezmer". Lo que yo hago es más extremo porque mi trayectoria fue más zigzagueante todavía y porque el mundo está más globalizado. No es porque yo dije 'vamos a combinar latino con esto otro'... eso ya lo hizo Piazzolla. No existe la teoría prescriptiva... o, mejor dicho, si la hay, falla. Las cosas menos pensadas funcionan y se transforman en identidad de una ciudad. O sea, ese ritmo de Piazzolla es como el ritmo básico de la ciudad del tango".

Inquieto y poco sujeto a moldes
"Desde chico se notó que iba a ser excepcional, aunque no se sabía muy bien en qué", dice Alicia Golijov, psicóloga radicada en Barcelona y una de las hermanas de Osvaldo Golijov, quien destaca que éste se caracterizaba por ser "inquieto", "insaciable" y por tener "una capacidad de elaboración distinta".

"Si bien la música siempre estuvo presente en casa, el empezó en serio de grande. Cuando comenzó a componer no sabía escribir y mamá le pasaba al pentagrama lo que él ideaba. Le fluían las ideas musicales de una forma tan llamativa que mamá lo mandó a estudiar", dice Alicia.

En la decisión de convertirse en músico después de haberse inscripto fugazmente en la carrera de Astronomía y en la de dejar el país sin haber terminado la carrera de Bellas Artes, Alicia distingue la permanente inquietud de Osvaldo y su poco interés a ajustarse a moldes y formalidades. Una actitud contrastante con su modestia y su preocupación por los demás.

"A los hermanos -somos cuatro- nos llama casi todos los días y se preocupa por nosotros. Es muy protector. Sentimos por él orgullo, amor y admiración. Y en mi caso, cuando escucho su música, la noto conmovedora y viva. Hay veces que lo veo ovacionado sobre un escenario, pienso por un momento que es mi hermano y no lo puedo creer".

Momento de esplendor
A la hora de hablar del reconocimiento internacional que recibe su obra por estos días, Osvaldo Golijov tiene una mirada particular: "Más que vivirlo, trato de sobrevivirlo. O sea, es muy lindo y todo eso... pero también te descoloca. Lo que yo he hecho y que me permitió llegar hasta acá, lo logré gracias al silencio y no a la fama. No me quejo porque uno siempre quiere que le vaya bien, pero tengo que volver a encontrar ese balance que tenía antes que me permitía trabajar en paz".

Ocurre que junto al reconocimiento llegan la expectativa por más obras. "Ahora estoy haciendo la música para la película de Coppola y debo terminar también la partitura que estrenará Yo-Yo Ma en agosto próximo en Boston. Después, si llego a tiempo, haré una obra para el festival Mozart de Viena, que es en noviembre, por motivo de los 250 años de su nacimiento. Después tengo una ópera para la Metropolitan Opera House de Nueva York para 2010, una obra gigante", repasa Golijov en voz alta y bromea: "Si sale bien, feliz; y si sale mal, uno siempre puede volver a lo que siempre hizo".

Una gran persona, un compañero afectuoso
"La historia va a poner a Osvaldo en un lugar especial, como el que hoy tienen Mozart o Beethoven. Para mi es una persona admirable, que además de su talento tiene la cualidad de ser una gran persona. Humilde y afectuoso". Lo dice Eduviges Picone, ex directora del coro del Teatro Argentino y compañera de Golijov en la facultad de Bellas Artes.

"Cursábamos juntos un montón de materias y en todas Osvaldo se caracterizaba por su particular mezcla de talento y de bajo perfil. El talento se le notaba sobre todo en el trabajo: sus composiciones para las clases de Fuga y Contrapunto, sus arreglos para la clase de Armonía. Pero por lo demás y aunque intervenía en clase, no era un alumno que buscara sobresalir.

Esas mismas características las encuentra Picone en su trato actual con Golijov, con la que se mantiene comunicada. "Es típico de él que durante la charla se interese más por su interlocutor que por sus logros. Mientras todos los que le hablan quieren saber las últimas novedades de su carrera, él prefiere hablar de cosas cotidianas, saber sobre el estado de los otros. Como muchos músicos, es de los que entienden que la música es un elemento maravilloso de la vida, pero no la vida misma".

El camino de los reyes
Raquel Sirota, una platense que actualmente vive en Israel, tiene un orgullo difícil de medir: hace unos años Osvaldo Golijov le dedicó uno de sus discos. "Mi nombre está impreso en las dedicatorias y realmente es un orgullo muy grande para mi", dice Raquel, amiga de Ethel Pecarovsky -madre de Golijov- y testigo de los primeros pasos del artista platense en la música.

Dice Raquel que había dejado de ver a Osvaldo Golijov durante algún tiempo cuando él la visitó en Tel Aviv a fines de los '80. "Estuvimos charlando un buen rato y quedé impactada por su capacidad y por la forma emotiva en que relataba sus experiencias con grandes directores israelíes. Tan grande fue el impacto que cuando volví de visita a la Argentina hablé con la madre de Osvaldo. Le conté de mis impresiones a Ethel, su mamá. Y lo hice utilizando un viejo preverbio hebreo que cuando habla de los elegidos para un destino especial los menciona como aquellos que están "en el camino de los reyes".

Postales de su vida en La Plata
Música clásica y de cámara, liturgia judía, música klezmer y el nuevo tango de Astor Piazzolla fueron algunos de los géneros musicales que rodearon a Osvaldo Golijov durante su infancia y adolescencia, etapas que transcurrieron en una casa ubicada frente al Colegio Nacional donde vivía junto a su madre profesora de piano, su padre médico y cuatro hermanos, de los cuales Osvaldo es el mayor.

Era una casa que se caracterizaba por dos elementos salientes, cuentan amigos y familiares del artista: la presencia constante de la música y el tránsito permanente de invitados. "Siempre había gente, todos los hermanos estudiaban música y hasta había momentos en que sonaban al mismo tiempo los pianos de Osvaldo y su mamá (Ethel Pecarovsky)".

Nacido el 5 de diciembre de 1960, Golijov estudió piano en el conservatorio Gilardo Gilardi y tomó clases con los profesores platenses Elsa Carranza y Enrique Gerardi. Cursaba el secundario cuando sus primeras composiciones comenzaron a fluir, en momentos en que todavía no había aprendido a escribir música. Entonces, era su madre la que pasaba al pentagrama las partituras que él le dictaba.

Sus hermanos recuerdan que, no obstante su dedicación a la música, apenas terminó el secundario, Osvaldo se inscribió en el Observatorio Astronómico. Pero esa iniciativa fue efímera y poco tiempo después planteaba en su casa su decisión de ser músico. "Fue un momento muy especial. Mi papá le preguntó de qué iba a vivir y Osvaldo, convencido, le respondió con una frase que todavía recuerdo literalmente. Dijo: 'si no me dejan hacer música es como si no me dejaran respirar'", recuerda su hermana Alicia Golijov. Más tarde cursó en Bellas Artes -pero sin terminar la carrera- y estudió con Gerardo Gandini.

Sus ex compañeros de facultad lo recuerdan como un estudiante tan brillante como inclinado al perfil bajo y a la modestia. "¿En qué se notaba su talento? En lo que componía, en los trabajos que hacía. Por lo demás, aunque participaba en clase, nunca se destacó por querer sobresalir", dice Eduviges Picone, compañera de estudios de Osvaldo y ex directora del coro del Teatro Argentino.

De la misma forma inavisada, Osvaldo sorprendió a sus familiares algunos años más tarde, anunciando que se iría del país buscando nuevas posibilidades de desarrollo artístico para canalizar su permanente inquietud. Transcurría 1983 cuando se trasladó a Israel, donde estudió con Mark Kopytman en la Academia Rubin de Israel, familiarizándose con las tradiciones musicales de esa ciudad. "En ese entonces vivía en un departamento tan chico que muchas veces se veía obligado a encerrarse en el baño para lograr la tranquilidad suficiente para estudiar", cuenta su hermana Alicia desde Barcelona.

En 1986 se produjo un salto en su carrera, que fue tan rápido como inesperado, recuerda Enrique Portnoy, uno de sus mejores amigos, quien compartió con Golijov momentos de aquella etapa en Israel: Osvaldo se mudó a EE.UU y se doctoró en la Universidad de Pensilvania, donde estudió con George Crumb, y en Tanglewood, donde estudió con Oliver Knussen.

Los '90 marcaron el comienzo de la difusión de la música de Golijov y en esa etapa aparecen dos nombres fundamentales: los cuartetos de cuerdas St Lawrence, ensambles que fueron los primeros en proyectar su música. Sus trabajos con ambas formaciones le valieron dos nominaciones a premios Grammy.

Pero fue en el año 2.000 cuando materializó su obra más trascendente hasta la fecha la Pasión de San Marcos, que fue saludada por la prensa norteamericana como "la obra más destacada de lo que va del siglo XXI".

Multipremiado, Golijov cuenta con una larga lista de músicos de renombre que interpretaron e interpretan sus obras. Desde el cellista Yo- Yo Ma hasta Robert Spano y la Atlantan Simphony, el director Miguel Harth Bedoya, la vocalista Luciana Souza, los cellistas Maya Beiser y Matt Haimovitz, el persucionista Jamey Haddad y hasta hizo trabajos junto a la banda de rock mexicana Café Tacuba.